Pensar mejor, vivir mejor...

Educantes enamorados de lo que hacen

Me llamo Laura Curbelo, nací en Uruguay y vivo por ahora en una playa llamada Lagomar, a unos pocos kilómetros de Montevideo. Soy educante, me he propuesto hacer de esta vocación un modo de entender y sentir la vida de manera activa, creativa y proactiva.

Amé primero la educación, luego enseñar y por descarte la Filosofía. Yo quería educar, en qué áreas o niveles no estaba claro, entonces en pleno proceso de angustiante elección vocacional apareció una profe que me marcó para siempre. Una mujer sabia, fuerte, irónica, divertida, potente, se llama Lilían y siempre le estaré debiendo una visita y las alegrías profesionales más enormes.

Aún antes de obtener mi título de grado ya “daba clases”, por decir algo les cuento que desde los 10 años ayudaba a un grupo de niños más chicos que yo a “hacer los deberes”, disfrutaba. Intuitivamente encontraba alternativas para que los otros niños hicieran suyos algunos signos que les resultaban indescifrables.
Con mi título de grado en mano, comencé a trabajar en educación media en Uruguay. L
a Filosofía que se enseña en el secundario de mi país, me fue expulsando de a poco y yo me fui dejando expulsar. Encontraba tantas y tantas incoherencias entre la enseñanza de la Filosofía y el Filosofar, entre el “hacer pensar” y las evaluaciones que proponíamos. No puedo recordar las mesas de exámenes en las que participé sin que me invada el fastidio y la frustración.

“Tiene que haber una manera”, me decía a mí misma. Empecé a buscar, y encontré Filosofía para Niños en Madrid, me enamoré. Era todo lo que quería, y en el trayecto encontré personas maravillosas, coherentes, abiertas, generosas. Hice de este amor un nuevo trayecto vital. Estudié un montón y viajé mucho buscando compañeros que habían llegado antes y que me ayudaron a desentrañar recursos, ideas, diálogos, métodos, textos, novelas, cuadros, músicas, modos de hacer y de pensar en comunidad. Encontré muchos amigos en este trayecto. Y comencé a viajar para también compartir lo aprendido. Me recibieron varias veces ciudades como Montevideo, Canelones, Artigas, Salto, Rivera, Rocha, Durazno, Florida, Minas, Rocha, Buenos Aires, Santa Fé, Rosario, Posadas, Toluca, Ciudad de México, Bogotá, Madrid, Barcelona, San Xenxo. Dando cursos, charlas, conferencias, participando en algunos congresos y eventos educativos dejando que surgieran ideas compartidas, sentires, pensares y persensares.
Y entonces, me fui dando cuenta que Filosofía para Niños no era una Filosofía, sino una Pedagogía, una manera de comprender las Infancias y la Educación. Y a un primer Máster en Filosofía 3-18 en la Universidad de Girona, se sumó un Posgrado en Infancias, Educación y Pedagogía en la FLACSO de Argentina y otro posgrado en Educación, Derechos Humanos y Discapacidad en la Universidad de Santiago de Chile. Este amor crece cada día más y acá voy por mi segundo Máster está vez en Educación y en la Universidad de Quilmes.

Mientras tanto de este lado del Río de la Plata me gano el pan (y disfruto cada día) dando cursos a maestros y profesores en las áreas pedagógicas de la Formación Docente y en la Formación en Servicio; trabajo en el área de Filosofía, Epistemología, Ética y Construcción de la Ciudadanía. A la misma vez mantengo mi contacto aúlico diario con niños y jóvenes en condición de vulnerabilidad social en el Liceo Espigas y en el Liceo de Parque del Plata.
La vida me está llevando a construir Nous, un proyecto para el desarrollo del Pensar que une estos trayectos formativos y laborales recrridos en una única propuesta que contempla los niños, sus profes y maestros y muy especialmente sus familias a la hora de pensar la Educación de manera situada, contextualizada y como responsabilidad social compartida por los “adultos de la tribu”.

Creo en la Educación y creo que los educantes enamorados de lo que hacen, sobre todo cuándo lo hacen con rigor y vigilancia epistémica, considerando las Infancias como un momento en la vida de las personas que merece respeto, espacio y participación.

Creo en la Educación, especialmente en la que no educa para el futuro, en la que educa para que los niños tengan voz hoy, autonomía siempre y respeto desde la horizontalidad.
Creo en los educantes, especialmente en aquellos que no están seguros de nada, en los que son ignorantes por convicción y pueden reinventarse cada día, sin perderse, sin traicionarse. Rescatándose siempre, en cada pregunta y en cada acto educativo que inventan y provocan.

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