Pensar mejor, vivir mejor...

Pilotaje del libro ¡Quiero Dinero! de Angélica Sátiro

Prof. Laura Curbelo
Máster en Filosofía 3-18
Formadora de Formadores en Filosofía para Niños y en Proyecto Noria
Coordinadora Red Noria en Uruguay
lauracurbelovarela@gmail.com

http://www.nous.uy

Experiencia realizada con los niños de la Escuela Pública Nº229 de Lagomar, Ciudad de la Costa, Uruguay

Este pilotaje del nuevo libro de Angélica Sátiro ¡Quiero Dinero! fue  realizado con los niños de primero a sexto grado de la escuela pública 229 de Lagomar;  durante el mes de Junio de 2015. En esta escuela estamos trabajando en el desarrollo del pensamiento crítico, cuidadoso y creativo desde el año 2009 en forma permanente con todos los niños.  Los alumnos de sexto año que egresan este año han trabajado en Filosofía para Niños y en el Proyecto Noria desde que iniciaron su etapa escolar,  hace ya 6 años.

Cuando comenté con ellos que íbamos a trabajar con este libro, la primera cuestión que les entusiasmó mucho fue el hecho de saberse de los primeros niños en el mundo que iban a conocer este nuevo texto de Angélica Sátiro ilustrado en forma muy divertida por Edgar Ramírez.

Los niños ya conocen a su personaje “Niñosinnombre”.  Le han seguido a lo largo de las diferentes historias y momentos de su vida.

Lo han acompañado a pensar sobre su nombre (“¡Quiero un nombre!») y sobre la importancia de tener un nombre,  sobre  cómo nos llaman y también sobre las caras  y  gestos que acompañan las formas en que las personas se dirigen a nosotros.

También han pensado con él que “Quieren no pensar…!” y han visto si es posible dejar de pensar, han encontrado que a veces antes de dormir piensan como él, y también cuando juegan. Y esto los ha llevado a compartir diálogos en los que manifiestan que  imaginar es pensar, pero que no todo pensar es imaginar. Han podido ver cómo se piensa cuándo se imagina y qué se necesita para imaginar, comparando pensamiento creativo con otros momentos y modos del pensar.

De la lectura de “¡Quiero no pensar!” ha surgido un invento creado entre  los niños y yo: La “Lluvia de Preguntas”, que se ha transformado en  un momento muy importante en  nuestras aulas y que hemos propuesto como recurso didáctico en Revista Crearmundos nº 10[1]

También hemos recorrido junto a “Niñosinnombre” los textos ”¡Quiero la raíz!” que ha actuado como trampolín  para el disfrute del encuentro con nuestras propias raíces y con las raíces de otras cosas. Pensando y persensando orígenes y surgimientos, cultivos y procesos, tiempos y momentos, libertades y condicionamientos, opciones y limitaciones.

También se encontraron con este entrañable personaje en “¡Quiero ser de mi tamaño!”  que nos condujo a  un diálogo fervoroso acerca de las diferencias entre niños y adultos, acerca de qué es el tiempo, e incluso acerca de “¿cómo sé que yo soy el mismo que he sido hace mucho tiempo?” y también sobre ¿cómo puedo demostrar que yo soy yo mismo a pesar de mis propios cambios?

El Niño sin nombre, nos ha acompañado desde el disfrute, el cuestionamiento, la curiosidad, la búsqueda de sentido en cuestiones que son familiares y propias de los niños, que forman parte de sus universos, cuestiones teñidas de realidad y complejidad epistemológica que los han invitado a penetrar, poco a poco, en un mundo de pensamientos e ideas apasionantes. Ideas que han ido profundizando a medida que el diálogo transcurre y la comunidad de indagación se afianza y crece.

Este Niño sin nombre que hoy nos encuentra maduros en una ronda de diálogo mientras nos dice con desparpajo que “¡Quiere dinero!” y que parece no estar dispuesto a esperar por ese dinero,  nos provoca diciendo que quiere dinero “para tenerlo” y punto. No pretende hacer con ese dinero mucho más que tenerlo. Esto nos ha hecho pensar mucho,¡ otra vez!

Desde una de las perspectivas de nuestro proyecto educativo, hace tiempo que nos ronda  la pregunta:   ¿Qué tipo de persona quiero ser y en qué mundo quiero vivir?, con lo cual pensar sobre el dinero como medio, como fin, como objeto, como herramienta,  y darle la palabra a los niños para opinar sobre este tema, parece que cuadra perfectamente con nuestros propósitos:

“En el contexto de la crisis económica global, el dinero (y la falta del mismo) es un tema constante en los medios de comunicación, en las conversaciones familiares, escolares, etc. Pero a los niños, en general, no se les da la oportunidad de reflexionar sobre ello. Este cuento busca ocupar este vacío. Los protagonistas de alguna manera «problematizan» la cuestión del dinero. El niño expresa su voluntad «impulsiva» de tener dinero. Y, a lo largo del cuento, esta «voluntad aprendida» se transforma en cuestionamiento, gracias a la abuela que le va presentando otras perspectivas. De todas formas, el cuento plantea un importante cuestionamiento ético, sobre cómo vemos el dinero, ¿cómo fin o como medio? Esta es una buena pregunta para dialogar con los niños[2]

Para este trabajo,  hemos pensado en un proceso de diálogo que incluyó a las familias de los niños, planteando un  ida y vuelta con la casa, para sacar el diálogo del aula y  porque nos parece interesante que los padres sean nuestros invitados a esta reflexión.

Las preguntas que naturalmente surgieron en casi todos los grupos fueron: ¿Qué es el dinero? ¿Para qué sirve el dinero? ¿De dónde viene el dinero? Comentaré   brevemente cómo se movieron nuestras ideas en torno a ellas.

¿Qué es el dinero?

La mayoría de los niños pequeños dicen que el dinero es papel o metal y al intentar definirlo o conceptualizarlo se van más por la línea de para qué sirve, qué utilidad tiene. Les cuesta ver el “Qué” sin el “Para qué”.  Los más grandes -en cambio- comienzan a pensar que el dinero sirve para hacer intercambios justos y que es un acuerdo entre personas para otorgar valor económico a las cosas. Se introducen luego – casi naturalmente – en el territorio del trueque, diciendo que sería mejor volver al trueque para que los intercambios vuelvan a ser sólo entre las personas. En una economía más del mano a mano sin que intervengan instituciones.  Pero luego, comienzan a pensar que esta economía no los beneficiaría y que les privaría de un mundo global que disfrutan en forma tangible a través de las tecnologías, los juegos online e incluso de muchas comodidades de las que disponen actualmente y que esas comodidades no las podrían tener  sin dinero. Se aproximan a que sin dinero el mundo sería diferente,  lo intuyen “peor”, más “aburrido” y a pesar de algunas intervenciones en contrario abandonan la idea de un mundo “sin tecnología” que atan a la idea del “tener dinero”.

Básicamente;  plantean que para cuestiones como  el sustento, la alimentación, la vestimenta no necesitan del dinero. Pueden conseguir estas cosas de otras maneras: cultivando sus alimentos, confeccionando sus prendas, etc.  Luego vinculan el dinero como objeto de intercambio satisfactor de necesidades algo más complejas y finalmente vueltos a la pregunta de ¿Qué es? Intentan conceptualizarlo como un objeto que permite intercambiar, y que formaliza nuestros trueques a través de un valor acordado en cantidades de dinero.

Las familias, un tanto más monolíticas en sus respuestas dijeron básicamente que el dinero es “lo que reciben a cambio de su trabajo”.  No logramos motivarlas demasiado con nuestra primer pregunta enviada a casa.

 ¿Para qué sirve el dinero?

Los niños han dicho que el dinero sirve para comprar las cosas que necesitamos.  Pero puestos a pensar un poco más profundamente sobre esta idea consideran que también sirve para comprar cosas que no necesitamos. Comienzan  a  dialogar acerca de por qué compramos cosas que no necesitamos. Llegan a la conclusión que está mal comprar cosas que no necesitamos, pero luego se repreguntan por qué estaría mal comprar cosas que no necesitamos. Piensan que no está mal comprar cosas por placer o que no tienen que ver con nuestras necesidades básicas. Algunos niños incluso creen que comprar cosas que no tienen que ver con  lo más básico nos hace felices. Otros dicen que dinero y felicidad no están vinculados, se dialoga mucho sobre este aspecto y se sostienen argumentos fuertes que a todos nos dejan pensando acerca de si seríamos más felices o menos felices si no tuviéramos dinero.  Hay niños que sostienen que ellos son felices y no tienen dinero. Otros replican que no tienen dinero pero viven en un mundo “de dinero” donde sus padres o familias son los que resuelven las cosas que a ellos los hacen felices.

Piensan también sobre aspectos que ellos proponen acerca de en qué situaciones de la vida necesitan dinero. Creen que para aprender, para jugar, para pasear, para leer, para estar en contacto con amigos,  es necesario el dinero y también hace falta objetos que se compran con dinero.

Opinan que si el dinero desapareciera los seres humanos seríamos capaces de inventar nuevas maneras de hacer todo lo que hacemos hoy pero sin dinero. Ironizan, se divierten, se ríen mucho imaginando mundos posibles. También por momentos profundizan en cómo sería la salud, la vivienda, los elementos disponibles para la vida diaria si no hubiera dinero.

Imaginan e hipotetizan en universos contrafactuales que toman y van descartando según van aceptando o eliminando las hipótesis en juego. No puedo evitar pensar en la conferencia Ted de Alison Gopnik cuando los oigo dialogar:

“Los niños no son unos pequeños locos fantasiosos. Cuando se les interroga acerca de cuestiones sobre las que tienen ya un conocimiento cierto, apreciaremos que no mezclan realidad y ficción. Más aún, a los niños se les da estupendamente bien el pensamiento contrafactual, es decir, el alterar en su imaginación un aspecto concreto de un hecho pasado (o de un hipotético futuro) y anticipar las consecuencias de ese cambio. Crear mundos imaginarios es parte del proceso cognitivo. Las ensoñaciones en las que los peluches o los coches hablan son tan importantes para los bebés como la exploración del mundo real. De ahí la importancia también de los amigos imaginarios, del juego del fingimiento, como forma de trabar conocimiento de lo que nos rodea, de experimentar en su imaginación con diversas posibilidades y conocer las consecuencias de sus actos en su imaginación.”[3]

Las familias se mostraron apenas un poco más dinámicas ante esta nueva consulta pero vuelven a ser  bastante monolíticas en sus respuestas. La mayoría respondieron que el dinero sirve para vivir, para pagar las cuentas, y nuevamente para comprar lo que necesitamos, agregando que también sirve para comprar algunas cosas que no necesitamos tanto. Siento que tampoco en esta nueva etapa logramos que las familias se involucren demasiado con la temática, a pesar que esta vez parece que han sido muchos más los niños que lograron hacer llegar la pregunta a casa. Me pregunto: ¿Por qué los adultos no parecen estar interesados en responder?

¿De dónde viene el dinero?

Las respuestas más divertidas son las de los más pequeños, que tienen muy claro que el dinero viene “Del monedero de mamá”, “del bolsillo de papá”, “de la caja del abuelo” y “de la máquina del banco” ¡Esas máquinas son absolutamente geniales! Todos sonríen sólo de recordarlas,  comentan que les encanta acompañar a los padres al cajero automático.

Los más grandes  comienzan el diálogo volcando lo que les han dicho en casa: el dinero es lo que obtenemos a cambio de nuestro trabajo. Comienza entonces  un intercambio muy interesante acerca de qué es lo que nosotros damos cuando trabajamos. Creen que damos conocimiento y tiempo. Y dialogan acerca de si lo más valioso que damos es el tiempo o si lo verdaderamente valioso es lo que aportamos a nuestra labor sobre cómo se hace algo. Hablan sobre diferentes tipos de trabajos, oficios, quehaceres más materiales y más intelectuales y sobre los tiempos y dedicaciones que cada tipo exige. Surge la cuestión de género y de los trabajos que muchas mujeres realizan y por los que no reciben dinero. Fue difícil volver el foco al tema central, al hacerlo consideraron la vinculación entre dinero y poder, y comienzan a pensar que el dinero da poder y que las personas poderosas tienen mucho dinero.  Una niña comenta que “los famosos también tienen dinero y  no son poderosos”, y esto provoca que el grupo redefina algunos aspectos de la idea matizando y viendo diferentes combinaciones de poder/fama/dinero.

Se aproximan a pensar que  el dinero surge o se origina en un pacto entre las personas para lograr ponerse de acuerdo en el valor de las cosas, el valor del tiempo  y que ese pacto también involucra un acuerdo sobre las distintas maneras de medir los aspectos económicos de la vida.

También se generó un diálogo interesante acerca de distintas formas legales, ilegales, correctas e incorrectas de obtener dinero. Sobre estos aspectos nos proponemos profundizar en nuestros próximos encuentros quizá introduciendo  como nuevo recurso  un dilema moral.

Desde las familias, esta vez nos respondieron que el dinero viene del trabajo y algunos niños intentaron profundizar en algunas respuestas de los padres, pero los padres respondieron que nunca antes lo había pensado o que no sabían de dónde viene el dinero.

Nos hubiera gustado mucho que las familias se involucraran con este diálogo. Nos queda la sensación de no haber logrado interesarlos. A modo de hipótesis para investigar/desarrollar a  futuro  quisiera  considerar si el mundo adulto acepta que sean los niños los que tomen la iniciativa para dialogar sobre temas “de dinero”. Este aspecto me ha generado dudas.  Los adultos transferimos a los niños aspectos económicos en nuestros diálogos y hasta en la selección oportuna  de los momentos para hacer algo:  “ahora no”, “ahora sí”,  “podemos” o “no podemos” de acuerdo a parámetros que manejamos en exclusividad con respecto a la disponibilidad de dinero y la oportunidad  del gasto; pero ¿Qué nos pasa cuando el interpelante es un niño, cuando nos preguntan y nos proponen pensar sobre ese “Don Dinero” que gobierna gran parte de nuestras vidas y decisiones? Lo cierto es que la mayoría de las familias no se mostraron interesadas en darnos esa oportunidad de ida y vuelta de ideas

Evaluación de esta experiencia piloto.

Como experiencia la lectura de este libro nos ha traído aire fresco, ¡un buen aire fresco! Siempre es bueno tener un nuevo recurso potente que nos permita y habilite pensar  en profundidad  sobre temas que anteriormente no habíamos pensado juntos.

Desde mi rol me ha asombrado mucho cómo los niños están inmersos en esta realidad que es el dinero, y me gustaría trabajar en una “Escuela para padres” con este texto. Creo que los adultos tenemos bastante para reflexionar sobre nuestra propia vinculación con el dinero y sobre cómo transmitimos las vivencias del mundo económico a nuestros hijos. Sería interesante pensar en una ronda de diálogo de adultos acerca de la felicidad, el dinero, la frustración, las obligaciones, el trabajo, el tiempo, “los bancos de tiempo” como propone el personaje de la abuela de “Niñosinnombre”. Incluso intentaré incorporar este texto en mis cursos con maestros y profesores, parece un recurso hiperpotente para pensar un aspecto más de nuestras vidas profesionales.

Como herramienta de lectura “Quiero dinero” es un libro agradable, ágil, dinámico, novedoso. Propone un tema cotidiano, de búsqueda de sentido actual y contextual a nuestras vidas. Ofrece diversas aristas para analizar el tema, proponiendo acercamientos progresivos a ideas interesantes: querer dinero sólo por tenerlo, guardar dinero, el ahorro, el banco de dinero, el banco de tiempo, el trueque, las monedas alternativas, la felicidad, la “felicidad interna bruta”, la Ciudad educadora.

Es un recurso potente que como los buenos perfumes viene en envase pequeño.  Logrando un tiempo de lectura óptimo tanto si uno desea realizar una lectura completa, como fraccionada del texto.

Despierta en los niños un interés alto y sostenido, tanto en los más pequeños como en los más grandes que, alcanzando diferentes niveles de profundización y de amplitud en el tema, logran conceptualizar entorno al planteo con verdaderas intenciones de aclarar aquellos puntos que son de su interés.

Este niño sin nombre y sin edad,  convoca a todos por igual, llama e invita a dialogar una vez más sobre uno de los temas de nuestros tiempos, y convoca con calma a una reflexión serena, interesante, amplia. Provoca  una verdadera búsqueda de sentido para un tema que los adultos hemos ido introduciendo en la vida de nuestros niños casi con naturalidad, incitando a una inmersión un tanto extranjera en un territorio que antes no pertenecía al mundo infantil, ni a sus lenguajes, ni a sus identidades.

Los niños reconocen la cotidianidad de este tema y lo abarcan, sin miedos, sin los prejuicios de los adultos, opinando sin piedad y sin vergüenza, haciendo propio un pensamiento que va y viene en el diálogo.  Se sumergen en un concepto que les es un tanto extraño,  pero que intuyo que  a  los niños de hoy les es menos extraño que a los niños de principios y mediados del siglo XX.

Hablar de dinero con los niños de 2015 y que puedan pensar sobre el dinero a partir de este texto es también positivo en el sentido que creo que era tema pendiente dentro de los recursos narrativos de los diferentes curriculums de Filosofía para Niños, (puedo estar equivocada, pero creo recordar que sólo en el capítulo VIII de “El descubrimiento de Harry”, Matthew Lipman hace una breve referencia al dinero a través de Santi Mendoza  que  preguntaba por qué algunos niños tenían dinero para comprar caramelos  y gaseosas  e ir al cine y él no, entonces se propone ahorrar el dinero suficiente para jugar a la lotería[4]. Por tanto creo que en este sentido también “¡Quiero dinero!”  consigue  otro  punto adicional a favor que es introducir este tema dentro los diálogos posibles, proporcionando muchos cortes, quebradas, atajos, nodos y aristas para comenzar a pensar.

En cuanto a las edades de los lectores, una primera aproximación a su lectura nos hace pensar que se trata de un libro dedicado a niños muy pequeños, pero al probar el texto con niños de cuarto, quinto y sexto de escuela con edades entre los 9 y los 14 años vemos que despierta mucho interés y genera todo lo que hemos narrado, evidenciando  que este libro tiene el doble juego de permitirnos abordar el tema con los más pequeños así como también investigar un poco más, profundizando y ampliando con los más grandes.  Dejándonos la posibilidad de preguntarnos – como ellos lo han hecho- muchísimas cosas:

 ¿Cómo sería un mundo sin dinero? ¿Cómo sería un mundo en dónde todos ganáramos lo mismo? ¿Qué pasaría si para las cosas que son necesarias no hubiera que usar el dinero? ¿Por qué los caramelos no son gratis? ¿Por qué la sopa y la polenta no son muy caras? ¿Qué pasaría si pudiéramos comprar vida y amor?

 

BIBLIOGRAFÍA

CURBELO, L. (2012) Lluvia de preguntas y títulos utilizados como estrategias didácticas, Crearmundos nº10 [en línea] pag 80 [fecha de consulta: 17 de Julio de 2015]Disponible en http://www.octaedro.com/pdf/Crearmundos10W.pdf

GOPNIK, A (2010) El Filósofo entre pañales,  Madrid, España. Ediciones Planeta

LIPMAN, M. (1982) El descubrimiento de Harry. Buenos Aires, Argentina. Facultad de Filosofía y Letras (UBA) traducción de Arbonés, Kohan, Waksman (1993)

SÁTIRO, A. (2015) ¡Quiero dinero. Guía didáctica. Barcelona, España. Octaedro

SÁTIRO, A. (2015) ¡Quiero dinero! Barcelona, España. Octaedro

SÁTIRO, A. (2012) ¡Quiero no pensar! Barcelona, España. Octaedro

SÁTIRO, A. (2012) ¡Quiero la raíz! Barcelona, España. Octaedro

SÁTIRO, A. (2010) ¡Quiero un nombre! Barcelona, España. Octaedro

SÁTIRO, A. (2010) ¡Quiero ser de mi tamaño! Barcelona, España. Octaedro

TEDGlobal (2011, 18:29  Filmado Jul 2011) ¿Qué piensan los bebés? [fecha de consulta: 17 de Julio de 2015]Disponible en  http://www.ted.com/talks/alison_gopnik_what_do_babies_think?language=es

[1] CURBELO, Laura, Lluvia de preguntas y títulos utilizados como estrategias didácticas, Crearmundos nº10 [en línea] pag 80 [fecha de consulta: 17 de Julio de 2015]Disponible en http://www.octaedro.com/pdf/Crearmundos10W.pdf

[2] SÁTIRO, A. (2015) Quiero dinero. Guía didáctica. Barcelona, España. Octaedro

[3] TEDGlobal (2011, 18:29 · Filmado Jul 2011) ¿Qué piensan los bebés? [fecha de consulta: 17 de Julio de 2015]Disponible en http://www.ted.com/talks/alison_gopnik_what_do_babies_think?language=es

[4] LIPMAN, M. (1982) El descubrimiento de Harry. Buenos Aires, Argentina. Facultad de Filosofía y Letras (UBA) traducción de Arbonés, Kohan, Waksman (1993)

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